domingo, 15 de febrero de 2009

Las Meninas 4º entrega (última)

Sección áurea y análisis de la obra
Muchos artistas del Renacimiento emplearon la sección áurea en sus dibujos, por ejemplo el gran maestro Leonardo Da Vinci, ya en el año 1509 el matemático Luca Pacioli, publicó el libro De Divina Proportione[20] y en 1525 Alberto Durero publicó Instrucción sobre la medida con regla y compás de figuras planas y sólidas, donde describe cómo trazar la espiral basada en la sección áurea con regla y compás, que se conoce con el nombre de "espiral de Durero" Velázquez en la composición áurea de su cuadro Las Meninas, lo ordena con la mencionada espiral, el centro es justo el pecho de la infanta Margarita, marcando el centro visual máximo de interés y significando simbólicamente el lugar reservado para los escogidos, como era tradición en Europa, que el monarca ocupara el lugar central y de privilegio en las ceremonias. No hay que olvidar que en el momento de la creación de la pintura, la infanta Margarita era la persona más señalada como sucesora al trono, ya que Felipe IV no tenía en ese momento ningún hijo varón.


Detalle de la puerta del fondo donde se encuentra José Nieto, punto de fuga del cuadro.
El punto de fuga de la perspectiva está detrás de la puerta donde se encuentra José Nieto; precisamente, allí es donde va la vista buscando la salida del cuadro; la gran luminosidad existente en este punto provoca que la mirada se fije en ese lugar.
A pesar de los siglos que han pasado desde que se pintó, la calidad técnica del cuadro, con el tratamiento de la textura fina y las pinceladas que parecen compactas aplicadas con una gran maestría, hace posible que no se observe casi ningún craquelado en todo el cuadro. Las medidas originales del lienzo, fueron ligeramente retocadas en una primera restauración en la que el cuadro se volvió a entelar. En el borde superior y el lado lateral derecho se puede detectar las señales que dejaron los clavos que fijaban la tela al bastidor; fue recortada por el lado izquierdo y se hizo un pequeño doblez para hacer posible la nueva sujeción. Parece que se perdió muy poco trozo de la orilla.
Velázquez utiliza los blancos de plomo sin casi mezclas en diversos puntos del cuadro, como en las camisas, los puños de Mari Bárbola o la manga derecha de Agustina Sarmiento; lo hace con un toque rápido y decidido que consigue el reflejo de las vestiduras y adornos, como en el caso de la infanta Margarita o en la camisa del propio pintor. En los cabellos de la infanta y en sus adornos, también se aprecia el arte de la pincelada del maestro. En las cuatro figuras femeninas del primer término se observa un tratamiento similar; los vestidos denotan la categoría y la clase de tela de cada uno de ellos. En el caso de Nicolasito Pertusato, la definición queda más desdibujada. Velázquez empleó toques de lapislázuli sobre todo en el vestido de Mari Bárbola, y lo hizo con el objetivo de conseguir relfejos en el color profundo de este vestido.
Espejo y escenas reflejadas [editar]


Detalle de Las Meninas. Espejo del fondo donde están reflejados Felipe IV de España i Mariana de Austria.
La estructura espacial y la posición del espejo están de tal manera que parece que Felipe IV y Mariana, se encontraran al lado de la pintura, en el lugar donde se encuentra el observador del lienzo, delante de la infanta y sus acompañantes. Según Janson, no solamente la infanta y sus sirvientes están presentes para distraer a la pareja real, sino que la atención de Velázquez se concentra en ellos mientras pinta su retrato. Aunque sólo pueden ser vistos reflejados en el espejo, la representación de la pareja real tiene un lugar central en la pintura, tanto por la jerarquía social como en la composición del cuadro. Como espectadores, en relación a ellos, nuestra posición es incierta. La cuestión es saber si el observador de la pintura está cerca de la pareja real, o si los reemplaza y contempla la escena con sus propios ojos; es una cuestión que genera polémica. La segunda hipótesis es, para saber cual es el objetivo de la atención de las miradas de Velázquez, de la infanta y de Mari Bárbola, que mira directamente hacia el observador de la pintura.
En Las Meninas, se supone que la reina y el rey están fuera de la pintura y, su reflejo en el espejo los sitúa en el interior del espacio pictórico. El espejo, situado sobre el triste muro del fondo, muestra lo que hay: la reina, el rey y, según las palabras de Harriet Stone, las generaciones de espectadores que han venido a tomar el sitio que la pareja tiene en el cuadro]
Los personajes reflejados en el espejo están elaborados de manera más rápida y con una técnica esbozada. Un espejo sobre el muro del fondo refleja los bustos de los reyes, que quizás estaban posando para ser retratados, y son sorprendidos por la visita de su hija y sus acompañantes. Una hipótesis alternativa del historiados H.W. Janson es que el espejo refleja la tela de Velázquez, tela que ya tiene pintada con la representación de los reyes.


El matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck(1483). Es una imatge reflejada dentro de un espejo, como en la pintura de Las Meninas y es muy posible que inspirara a Velázquez.
Probablemente Las Meninas han estado influenciadas por la tela de Jan van Eyck, El matrimonio Arnolfini. Cuando Velázquez estaba pintando Las Meninas, el cuadro de Van Eyck formaba parte de la colección de palacio de Felipe IV y Velázquez, sin duda, conocía muy bien esta obra. En El matrimonio Arnolfini de manera similar, hay un espejo en la parte posterior de la escena pictórica, que refleja dos personajes de cara y una pareja de espalda. Aunque estos personajes son muy pequeños para poder ser identificados, una hipótesis es que una de las imágenes corresponde al pintor, justo en el momento de entrar a pintar. Según Lucien Dällenbach:


Detalle del espejo de El Matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck. Van Eyck se muestra a sí mismo mediante el espejo. El espejo de Las Meninas puede ser visto como una imagen que pretende representar la pareja real dentro del espacio pictórico.
El espejo de Las Meninas está delante del observador, como en el cuadro de Van Eyck. Pero el procedimiento aquí es más realista: el espejo, en la parte posterior, no es convexo sino plano. Mientras que en el cuadro de Van Eyck los objetos y los personajes estan recompuestos en un espacio deformado y condensado por la curvatura del espejo, Velázquez se niega a jugar con las leyes de la perspectiva: para quien esté delante del cuadro, él proyecta sobre el espejo los dobles perfectos del rey y la reina. Además, muestra los personajes que son observados por el pintor y, al mismo tiempo, mediante el espejo, se pueden ver los individuos que entran y que dirigen la atención hacia Velázquez, desembocando en una reciprocidad de miradas que trae como consecuencia que la imagen salga de su marco y convide al visitante a entrar dentro de la tela.


Venus del espejoDel 1644-1648 (122,5 x 177 cm)National Gallery de Londres.
El espejo del cuadro tiene una medida de unos treinta centímetros de altura, y las imágenes del rey y la reina están, de manera intencionada, difusas. Jonathan Miller se hace la pregunta:"¿Qué tendríamos que pensar de las caras difusas del rey y la reina en el espejo? Es poco probable que fuese debido a una imperfección en la óptica del espejo; de hecho, se quiere mostrar este efecto de la imagen del rey y la reina". Un efecto similar está presente en la Venus del espejo, el único desnudo que Velázquez realizó; la cara del personajes es visible, se desvanece en el espejo, más allá de todo realismo. El ángulo del espejo es tan fuerte que "aunque normalmente sea descrita como que se está mirando en él, está de manera desconcertante mirándonos." De manera humorística, Miller también comenta que, además del espejo representado en Las Meninas, podemos imaginar la existencia de otro espejo que no aparece en el cuadro, sin el cual hubiera sido difícil que Velázquez se hubiera podido pintar a él mismo, autorretratándose.


Cristo en casa de Marta y María, de Diego Velázquez 1618.
Numerosos aspectos de Las Meninas están relacionados con otras obras procedentes de Velázquez, donde se utiliza y juega con los mismos recursos. Según López-Rey, aparte de El matrimonio Arnolfini, el cuadro que más se acerca a Las Meninas es el Cristo en casa de Marta y María, tela que Velázquez pintó en 1618, unos cuarenta años antes, en Sevilla; en este cuadro se puede detectar una imagen en el fondo como si fuera una ventana que da a otra habitación, o que también puede ser un espejo.
En 1964, antes de la restauración del Cristo en casa de Marta y María, numerosos historiadores de arte veían la escena que parece incrustada arriba, a la derecha del cuadro, como si fuera reflejada en un espejo, o como si fuera otro cuadro colgado en la pared. Este debate ha continuado, parcialmente, después de la restauración, aunque según la National Gallery de Londres, que es donde está expuesto el lienzo, Cristo y sus acompañantes son visibles solamente a través de una ventana que da a una habitación continua. Los vestidos que aparecen en ambas habitaciones son también diferentes; los vestidos de la escena principal son contemporáneos a Velázquez, mientras que los de la escena donde se encuentra Cristo utilizan los convenios iconográficos tradicionales para las escenas bíblicas. En Las hilanderas, cuadro pintado probablemente un año después que el de Las Meninas, aparecen representados dos escenas de Ovidio: en un primer plano, con vestidos contemporáneos y en el plano posterior, con vestidos antiguos. Según la crítica Sira Dambe, "en esta tela, los aspectos de la representación son tratados de manera similar a los de Las Meninas.
Menino o menina: Miembro de la nobleza que desde niño entraba en palacio a servir a la reina o a los príncipes niños. (R.A.E)[]

miércoles, 11 de febrero de 2009

Las meninas 3º parte

Otros elementos
Por encima del espejo en el que se reflejan los reyes se ven dos cuadros. Son copias realizadas por Juan Bautista del Mazo de Minerva y Aracné, de Rubens, y Apolo y Pan, de Jacob Jordaens. Ambos cuadros se hallaban efectivamente en dicho salón, según documentos de la época; pero se cree que Velázquez los reprodujo porque esconden alusiones a la obediencia debida a los reyes y al castigo que acarrea incumplirla.
Velázquez nos presenta en esta obra la intimidad del Alcázar de Madrid, y con su maestría nos hace penetrar en una tercera dimensión: el espacio, plasmado más con luces y sombras que con líneas de perspectiva. Se suele decir que Velázquez llegó a plasmar la perspectiva aérea: que «pintaba el aire». Esto es así pues conoció libros de óptica y además observó el efecto que la distancias, la luz y demás agentes ejercían sobre las formas y colores. Lamentablemente, con su actual ubicación e iluminación, Las Meninas no muestra plenamente dicho efecto, pues requiere una luz más tenue y focalizada, la habitual en los salones palaciegos. Anteriormente la obra colgó en otra sala más reducida del Museo del Prado, pero fue cambiada de lugar para facilitar el incesante flujo de turistas.
Teorías


María Agustina Sarmiento de Sotomayor, Menina real, en Las Meninas
A pesar de la gran cantidad de escritores de cualquier género que han buscado una significación definitiva, mientras no aparezca documentación concluyente debemos admitir que ninguna interpretación individual podrá dar respuesta a los problemas implicados en Las Meninas. Varios historiadores opinan que, como buena obra barroca, esconde varios mensajes solapados, que únicamente el público culto de la Corte podía captar.
La interpretación más fácil es describir la imagen como una escena habitual en palacio. Según Jonathan Brown, que recoge en sus textos diversas teorías anteriores (Sohener), la escena representa el momento en que la infanta Margarita ha llegado al estudio de Velázquez para ver trabajar al artista. En algún momento antes de que suba el «telón» ha pedido agua que ahora le ofrece la dama arrodillada a la izquierda. En el momento en que ésta le acerca a la princesa una pequeña jarra, el rey y la reina entran en la habitación reflejándose en el espejo de la pared del fondo. Una a una, aunque no simultáneamente, las personas congregadas comienzan a reaccionar ante la presencia real. La dama de honor de la derecha que ha sido la primera en verlos, comienza a hacer la reverencia. Velázquez ha notado también su aparición y se detiene en medio del trabajo. Mari Bárbola no ha tenido tiempo todavía de reaccionar. La infanta, que estaba mirando a Nicolasito Pertusato jugar con el perro, mira de repente hacia la izquierda, en dirección a los reyes, aunque su cabeza permanece todavía vuelta en dirección al enano. Esta es la razón del extraño efecto de dislocación entre la posición de la cabeza y la dirección de su mirada. Agustina Sarmiento, ocupada en servir agua a la princesa, no se ha dado cuenta todavía de la presencia de los reyes, lo mismo que le acontece a la señora de honor en conversación con el guardadamas que acaba de percatarse.
A partir de tal descripción, comienzan a proponerse posibles mensajes o simbolismos. Uno de los más creíbles (por no decir evidente) es que Velázquez estaría reivindicando la nobleza de la pintura, lo cual obsesionaba a los pintores del siglo XVII. En aquella época, la pintura era subestimada como una profesión sujeta a impuestos, como los zapateros y todos los demás artesanos. Esto no ocurría en Italia, donde los pintores eran tratados como creadores cultos; El Greco, que había trabajado en dicho país, vivió en sus carnes la poca estima que merecían los artistas en España. Velázquez querría proclamar la nobleza de su arte cometiendo una "osadía": se incluyó a sí mismo en un retrato de la familia real, ocupando un puesto destacado y relegando a los reyes a una imagen diminuta. Pero hay que precisar que la presencia de los reyes no es "real", sino un reflejo; los reyes están en la sala con el pintor, pero no a su lado sino a cierta distancia. De este modo, sin violentar el protocolo, Velázquez alardea de su posición en la Corte y reclama para la profesión de pintor un tratamiendo acorde como servidor del rey. Como dice Tolnay:
Las Meninas son como un manifiesto sobre la pintura como arte liberal.
La presencia tan destacada de la infanta Margarita se ha interpretado como una alusión política, pues ella era la única descendiente con opciones de heredar el trono. Su hermana mayor María Teresa iba a casarse con el rey de Francia y eso la excluía del trono español. De acuerdo a esta situación, algunos sugieren que el reflejo de los reyes en el espejo es un símbolo de apoyo o ejemplo que la infanta ha de tener en cuenta para su futuro. Finalmente, ella no heredó el trono pues Felipe IV llegó a tener un heredero varón (Carlos II).
Otra hipótesis más arriesgada, avanzada por Ángel del Campo y Francés en los años 70-80, sugería que Velázquez había introducido acertijos de Astronomía, al ubicar a los personajes de acuerdo a una constelación de estrellas ("Margarita Coronae") cuyo centro se llama Margarita (como la infanta situada en el centro).
También se han interpretado algunos personajes como alegorías; así, la enana Mari Bárbola tiene una bolsa de monedas en las manos, elemento incongruente salvo que simbolizase la Codicia. El enano Nicolasito Pertusato, que molesta al perro, sería el Mal, importunando a la Fidelidad. Aunque esta interpretación parezca muy osada, es cierto que el Mal consta en tratados de Iconografía como un personaje vestido de rojo, y el perro es símbolo de Fidelidad y de alerta ante los peligros. Hay que recordar, además, que Velázquez poseía libros de iconografía en su biblioteca, como el de Cesare Ripa; incluso se sabe con certeza la edición que poseía, ya que antes que pintara Las Meninas se hicieron seis ediciones de este libro.
Estructuración


Esquema geométrico de composición de Las Meninas.Amarillo: ejes del centro de la imagen. Azul: eje del tercio de la imagen. Verde: Punto de fuga geométrico. Rojo: Punto de fuga de los Reyes.
En Las Meninas se puede estructurar el cuadro en diferentes espacios. La mitad de la obra está dominada por un espacio desértico, en el que Velázquez pinta el aire, y un espacio virtual hacia donde el pintor dirige la mirada que es donde, se supone, están los reyes o bien los espectadores. Otro espacio importante es el del punto de fuga del fondo del cuadro, muy luminoso, donde un personaje huye de la intimidad del momento. Un tercer espacio es el pequeño espejo; y finalmente, hay el de la luz dorada que se aprecia en las figuras de la infanta, las meninas, la enana y el perro. Son espacios reales y virtuales que conforman la realidad fantástica del cuadro.
Una de las características principales de la pintura es su carácter misterioso que conduce a establecer diferentes principios de interpretación. El desacuerdo exite ya en la primera acción que está describiendo el cuadro. Las Meninas son:
El retrato de la Infanta. La infanta llama la atención de otras figuras, tiene una posición central en el cuadro y además, existe la tensión especial en relación al foco brillante.
Un autorretrato de Velázquez. El pintor aparece como una torre y destaca sobre las otras figuras de la pintura.
Un retrato de grupo o familiar. Además hay la pareja real que surge en la superficie del rectángulo y está presentada en un espejo en la pared del fondo como un reflejo.
Por otro lado, el hecho de que la mayor parte de las figuras miren hacia fuera del cuadro, provoca que se distingan diferentes puntos de vista luminosos a partir de un foco al cual las figuras dirigen sus miradas:
la pareja real que es mirada por el espectador;
el espectador;
el espectador que se considera en una superficie de espejo grande
También se hace la pregunta sin respuesta de qué cuadro estaba representando el pintor, cuadro del que el espectador solo ve la parte de atrás. También aquí hay tres interpretaciones posibles:
el pintor representa a la pareja real, que está en el área no visible;
el pintor representa a la infanta;
el pintor se representa a sí mismo

martes, 10 de febrero de 2009

Posible magia

Voy a esperar los destellos de las sombras,
cuando me cubra la posible magia,
y con el aroma del vientoy con tus ojos,
voy a levantar la cima para lanzarme sobre ti
y dibujarte una sonrisa en todo el cuerpo

Impacientes

Te desintegraste en mis dedos,
los espejos no pudieron atraparte,
te encarnaron otras manos;
duele menos la espera de esperarte.
Cuando llegues, no me avises

lunes, 9 de febrero de 2009

Entre el cielo y el infierno

Cuando estudiaba en el profesorado, el cura, que era el Rector, nos contó un cuento, que decía más o menos así."Un hombre muere, llega al cielo, pero San Pedro le dice, que debido a todas las malas cosas que había hecho en la tierra, tenía que ir al infierno. Desolado por los dichos del portero del cielo, bajó a los confines siniestros y esperó pacientemente el castigo que le esperaba. Pero, ante su asombro, el diablo se acercó y le dijo: "Aquí hay distintos infiernos, debés elegir uno y cumplir tu eterna condena".Entonces, comenzó a caminar y vio que había una larga cola, como de tres o cuatro cuadras, y a lo lejos un cartel que decía "Infierno Argentino". Pensó:"Ni loco me hago tremenda cola", y fue hacia otro infierno. LLegó al más próximo, que era el infierno inglés y donde había dos o tres personas esperando, a las que les preguntó cuáles eran los castigos a sufrir; uno de ellos le respondió:"1º te dan latigazos con púas, después te meten en un horno y por último el Diablo en persona te clava unas lanzas en los costados", "ni loco", pensó y fue hacia otro, y hacia otro y a otro más, pero en todos obtenía la misma respuesta.Entonces decidió volver al in fierno argentino a preguntar cuál era allí el castigo, y el último de la fila le contestó:"1º te dan latigazos con púas, después te meten en un horno y por último el Diablo en persona te clava unas lanzas en los costados". Sorprendido por la respuesta dijo"es igual que en todos los otros". "Igual no" dijo el que repartía los números,"El horno, hace 10 mil años que no funciona,los látigos se los robaron y el diablo está trabajando a reglamento, así que viene, firma y se va" (sic)

Las Meninas 2º parte

Sociedad y vida cultural
En el año 1658, España fue derrotada por los ingleses en Dunkerque, en la batalla de las Dunas y el gobierno del Cardenal Mazzarino intentó que Francia pactase una alianza con Inglaterra. España, en 1659, fima la paz de los Pirineos que dio fin a la Guerra de los Treinta Años; con este acuerdo, cedió el Rosellón a Francia junto con una parte de la Cerdaña y otra de los Países Bajos. Se impuso el matrimonio entre el rey de Francia Luis XIV y María Teresa de Austria hija de Felipe IV de España. Velázquez, debido a su cargo de Aposentador Real, obtenido en 1651, en la corte española, tuvo que ir a la Isla de los Faisanes para preparar el encuentro; después de este viaje murió en Madrid en 1660; en el año 1661 falleció Mazzarino y en 1665 el rey Felipe IV.
Un hecho literario destacado del año 1660 fue el estreno de la obra Celos aun del aire matan, con texto de
Calderón de la Barca y música de Juan Hidalgo. En cuanto a pintura se puede destacar el cuadro de Vermeer, Militar y muchacha riendo. El mismo autor había pintado hacía dos años La lechera (1658).


Cruz de la Orden de Santiago.
Se tiene noticia de que en el reinado de Felipe IV había unos treinta mil cortesanos. Entre las grandes pasiones del monarca, que había dejado el gobierno prácticamente en manos del
conde duque de Olivares, se encontraba el teatro; escribía comedias que él mismo representaba delante la corte Desde los años 1650, Velázquez tenía la reputación de ser un gran conocedor de las artes, y gran parte de la colección del Museo del Prado, por ejemplo, de Tiziano, Rafael Sanzio y Rubens, fue adquirida y organizada bajo su dirección Fue enterrado el 6 de agosto de 1660 con las vestiduras y la insignia de caballero de la orden de Santiago, distinción que tanto deseaba conseguir en vida. Se dice que fue Felipe IV, el que después de la muerte del artista, añadió al cuadro de Las Meninas, la cruz de esta orden sobre el pecho de Velázquez
El año
1665, fecha de la muerte de su padre, la infanta Margarita de Austria contrajo matrimonio con el emperador Leopoldo I, hijo del emperador Fernando III y de la infanta María Ana de España.
Personajes


La infanta Margarita, la primogénita de los reyes, es la figura principal. Tiene cinco años y está acompañada de sus meninas y de otros personajes. Va vestida con el guardainfante y la basquiña gris y crema. Es la alegría de sus padres como única superviviente de los varios hijos que fueron naciendo y muriendo. La infanta Margarita fue la persona de la familia real más retratada por Velázquez. Se conservan de ella sobresalientes retratos en el Museo Kunsthistorisches de Viena. La pintó por primera vez cuando no había cumplido los dos años de edad. Ese cuadro se encuentra en Viena y se considera como una de las joyas de la pintura infantil.
Doña
Isabel de Velasco, hija del conde de Fuensalida que contrajo matrimonio con el Duque de Arcos, la otra menina, está al otro lado, en pie, vestida con la falda o basquiña de guardainfante, en actitud también de hacer una reverencia.
Doña
María Agustina Sarmiento de Sotomayor, menina de la infanta, hija del conde de Salvatierra y heredera del Ducado de Abrantes por vía materna de su madre Catalina de Alencastre, que contraería matrimonio más tarde con el Conde de Peñaranda, Grande de España. Agustina pleitearía por sus derechos a suceder en el Condado de Monterrey. La Infanta ha pedido un poco de agua para beber y doña María Agustina le ofrece sobre una bandeja, un búcaro, es decir, una vasija hecha de arcilla porosa y perfumada que refrescaba el agua. La menina inicia el gesto de reclinarse ante la real persona, gesto propio del protocolo de palacio.
Mari Bárbola es la enana hidrocéfala que vemos a la derecha. Entró en Palacio en 1651, año en que nació la infanta y la acompañaba siempre en su séquito.
Nicolasito Pertusato, italiano, está a su lado y aparece golpeando con su pie a un mastín pintado en primer término, con aire tranquilo. Nicolasito llegó a ser ayuda de cámara en Palacio.
Doña
Marcela de Ulloa está detrás de doña Isabel. Va adornada con tocas de viuda. Era la Camarera Mayor (o guarda mayor de la princesa) viuda de Don Diego de Portocarrero y madre del Famoso Cardenal Portocarrero y antes había servido a la condesa de Olivares.
El personaje que está a su lado, medio en penumbra, es un guardadamas pero no lo menciona Palomino en su relato, aunque los estudios recientes aseguran que se trata de don
Diego Ruiz Azcona, prelado vasco de familia hidalga que fuera Obispo de Pamplona y Arzobispo de Burgos, ostentando el cargo de Ayo de los Infantes de España.


A la izquierda del cuadro, se encuentra el pintor delante de una gran tela; se considera que este es el mejor autorretrato de Velázquez. Sobre su pecho se encuentra, pintada posteriormente, el emblema de la orden de Santiago.
Don
José Nieto Velázquez (tal vez pariente del pintor) es el personaje que se ve al fondo del cuadro, en la parte luminosa, atravesando el corredor por un vano cuya puerta abierta nos muestra los típicos cuarterones tan de moda en aquellos tiempos. Este señor fue jefe de la Tapicería y Aposentador de la reina. Como dice el crítico de arte Harriet Stone no se puede estar seguro si su intención es salir o entrar de la sala
A la izquierda y delante de un gran lienzo, el espectador ve al autor de la obra,
Velázquez. Está de pie y mantiene en sus manos la paleta y el pincel, en una actitud pensativa, como si examinase a sus modelos antes de aplicar otra pincelada. Está trabajando rodeado de unos personajes cuya identidad se conoce totalmente.
Felipe IV y su esposa Mariana de Austria, en la lejanía del cuadro, se reflejan en un espejo detrás del pintor. Con el espejo, se desvela qué pinta Velázquez: pinta a los reyes, que posan "fuera del cuadro", más o menos en el lugar donde está el espectador. Es un truco que nos integra en la pintura, fusionando realidad y apariencia.

domingo, 8 de febrero de 2009

LAS MENINAS

A pedido de Pepe, aquí va una entrada acerca de Las meninas.
Conocida popularmente desde el siglo XIX como «Las Meninas», La familia de Felipe IV es, probablemente, la obra más importante del pintor español Diego Velázquez, realizada en el año 1656 y expuesta en el Museo del Prado de Madrid.
Es una de las obras pictóricas más analizadas y comentadas en el mundo del arte. Como tema central muestra a la infanta
Margarita de Austria, a pesar que la pintura presenta otros personajes, incluido el propio Velázquez. El artista resolvió con gran habilidad todos los problemas de composición del espacio, la perspectiva y la luz, gracias al dominio que tenía del tratamiento de los colores y tonos junto con la gran facilidad para caracterizar a los personajes; Un espejo colocado en la parte del fondo de la pintura refleja las imágenes del rey Felipe IV de España y su esposa Mariana de Austria, según unos historiadores, entrando a la sesión de pintura, y según otros, posando para ser retratados por Velázquez; en este caso sería la infanta Margarita y sus acompañantes los que venían de visita para ver la pintura de los reyes.
El título
Este lienzo figuraba en los inventarios del
Alcázar de Madrid con el título de El Cuadro de la Familia. Más tarde, aparece catalogado en el Museo del Prado en 1843 por su director don José de Madrazo con el nombre de Las Meninas título que tuvo un gran éxito literario y que ha perdurado hasta nuestros días. Dicho título le fue impuesto al cuadro como referencia a dos personajes que aparecen en él y apoyándose en la descripción que hace de la obra el pintor y escritor Antonio Palomino de Velasco (1555-1626) en su obra Museo pictórico. Cuenta el señor Palomino en esta obra que «dos damitas acompañan a la Infanta niña; son dos meninas». La palabra «menina» es de origen portugués y es el equivalente a «paje» en femenino. Llamaban así a las hijas de personajes de la nobleza que entraban en Palacio como doncellas de honor de las Infantas y las acompañaban en su séquito a todas horas. Sólo recibían este apelativo hasta que les llegaba el momento de la puesta de largo, así pues eran siempre damas muy jóvenes.
Otros títulos que aparecen en los inventarios son: «La Sra. emperatriz Infanta de España con sus damas y criados y una enana donde se retrató el pintor a sí mismo pintando» (por referencia a la
Infanta Margarita, futura emperatriz de Austria) y «La Infanta María Teresa» (siendo tal referencia equivocada).
Historia del cuadro
Don
Antonio Palomino escribió una biografía muy extensa y llena de pormenores del pintor Velázquez. Muchos de los datos los obtuvo de lo que le iba contando Juan de Alfaro, un pintor que había sido discípulo de Velázquez en los últimos años de su vida. Siguiendo la lectura de dicha biografía, en el tercer volumen subtitulado El parnaso español pintoresco laureado, se pueden saber algunas circunstancias del cuadro.
La pintura se terminó en
1656, fecha que encaja con la edad que aparenta la infanta Margarita (unos cinco años). Felipe IV y doña Mariana solían entrar con frecuencia en el taller del pintor, conversaban con él y a veces se quedaban bastante tiempo viéndole trabajar, sin protocolo alguno. Esto era algo muy repetido en la vida normal de Palacio y Velázquez estaba acostumbrado a estas visitas. Precisamente de ahí nació la idea de la confección del cuadro tal y como lo realizó. El lugar donde trabajaba Velázquez era una sala amplia del piso bajo del antiguo Alcázar de Madrid que había sido el aposento del príncipe Baltasar Carlos, muerto en 1646, diez años antes de la fecha de Las Meninas. Cuando el príncipe murió, reutilizaron esta estancia como taller del pintor. Es precisamente este lugar el que aparece retratado en el cuadro, por eso el ambiente que puede verse es de algo cotidiano y familiar.
Según el inventario redactado tras la muerte de
Felipe IV (1665), el cuadro se hallaba entonces en su despacho, para donde hubo de ser pintado. Estaba colgado junto a una puerta, y a la derecha se hallaba un ventanal. Se ha conjeturado que el pintor diseñó el cuadro expresamente para dicho lugar, con la fuente de luz a la derecha, e incluso que lo pensó como un truco visual: como si el salón de Las Meninas se prolongase en el espacio real, en el lugar donde el cuadro se exponía.
En el incendio que destruyó el
Alcázar de Madrid (1734), este cuadro y otras muchas joyas artísticas tuvieron que rescatarse apresuradamente; algunas se recortaron de sus marcos y arrojaron por las ventanas A este percance se atribuye un deterioro (orificio) en la mejilla izquierda de la infanta, que por suerte fue restaurado en la época con buenos resultados, por el pintor real Juan García de MirandaEl cuadro reaparece en los inventarios del nuevo Palacio de Oriente, hasta que fue trasladado al Museo del Prado. En 1984, en medio de fuerte controversia, fue restaurado bajo dirección de John Brealey, experto del Museo Metropolitano de Nueva York. La intervención se redujo más bien a eliminar capas de barniz, que habían amarilleado y alteraban el efecto de los colores. El estado actual de la pintura es excepcional, especialmente si se tiene en cuenta su gran tamaño y antigüedad
Después seguirán otros. Nos estamos viendo.

viernes, 6 de febrero de 2009

Un secreto

Conocí ( en secreto),

un nuevo modo de arribarte;

de haberlo aprendido con libros

hubiera sabido( todo por apresurarme)

que cabía perfectamente y hasta sobraba lugar,

en el espacio que surge entre medio de mis pechos;

y si se hiciese a un lado,

me darían ganas de acomodarme,

sin que nos diéramos cuenta,

para llegarte por una arista cualquiera.

jueves, 5 de febrero de 2009

Un poema que una vez escuché

Tiende tu mano al vecino,
porque sí, por elegancia.
Que no todo sea ganancia
a lo largo del camino.
Cambia de sabor el vino,
cuando no hay con quién brindar
¿Qué harás con atesorar
y ser opulento en bienes,
si entre tus bienes no tienes,
el bien supremo de dar?

Este poema lo escuché una vez cuando era chica por la radio y nunca pude olvidarlo. (Son esas cosas de la memoria) y es un poco el motor de mi vida.

domingo, 1 de febrero de 2009

Querida Alba(del blog de Pepe)

Pepe: Acabo de leer tu última entrada y como siempre, sin ser obcecada, me pareció que era otra de tus genialidades. A veces posteo en foros o chateo con distintas personas, y, algunos, no muchos, dicen que Otelo no era lo que esperaban; entonces empezás a indagar y descubrís que todos, sin excepción, fueron a ver una “nueva versión de Drácula”. Ahí saco la espada de la argumentación, aunque no es necesario decir mucho, sólo esto: “Mientras vos querés ver siempre lo mismo, Pepe y Ángel se REINVENTARON” “ ¿Qué es?” preguntan, y la respuesta “ Es la condición filosófica indispensable para superar los tiempos que nos toca vivir, porque nos permite renacer de nuestras propias cenizas, después de sufrir crisis económicas, crisis histórico-sociales y crisis morales”(silencio en el chat-permitime la licencia-) y dicen “La verdad no lo había visto de ese modo” Digo yo “¿De qué manera querían verla? “ “Muchachos tómense el pulso”
Pepe, gracias a vos, a Ángel y a todos por permitirnos REINVENTARNOS como espectadores y como simples personas, para poder superar los distintos obstáculos que se nos presentan día a día, y para poder superarnos a nosotras mismos y no caer en la mediocridad cotidiana.
Una y mil veces gracias por enseñarnos cómo.
Un abrazo a todo el elenco (espero que alcance).
Sandra.
P.D: ¿Cuál es la fecha de la última función? Quiero ir. No hay DOS SIN TRES.